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Bitácora en la Ciudad.

Letras

Existe el pájaro grifo...

Existe el pájaro grifo...

Entonces, el viento del Norte le dijo a ella:

-Te daré un consejo: ve al mar Rojo; en la orilla derecha hay grandes varas, cuéntalas y corta la número once; golpea al dragón con ella, y así el león podrá dominarlo y, además, ambos recobrarán su figura humana.  Verás el pájaro grifo, que está en el mar Rojo; móntate con tu amado a su espalda y el pájaro os traerá, atravesando el mar, a casa.  Aquí tienes una nuez: cuando estés a la mitad del mar, déjala caer; se abrirá y crecerá un gran nogal en medio del agua para que pueda descansar el pájaro grifo; si no puede descansar, no tendrá fuerzas suficientes para transportaros ; así que, si olvidas tirar la nuez, os arrojará al mar.

Ella se dirigió allí y encontró todo como se lo había dicho el viento de la noche.  Contó las varas y cortó la número once; con ella pegó al dragón y el león lo dominó. 

Oh¡ Capitán mi capitán....

Oh¡ Capitán mi capitán.... "No importa lo que la gente os diga, las palabras y las ideas pueden cambiar el mundo".
"Carpe, carpe diem, aprovechad el día, muchachos, haced vuestras vidas extraordinarias".
"En esta clase, pueden llamarme Señor Keating, o si son un poco más osados, Oh Capitán, mi Capitán".
"No leemos y escribimos poesía porque sea bonita. Lo hacemos porque pertenecemos a la raza humana. Y la raza humana está ligada a la pasión".
"Sólo en los sueños pueden los hombres ser libres. Fue siempre así y así seguirá siendo".
Subido en su mesa: "Estoy encima de la mesa para recordarme que debemos mirar las cosas constantemente desde una perspectiva diferente".
Después de leer un texto en el que el autor incita a tomar la poesía como un ejercicio matemático: "¡Un excremento! ¡Eso es lo que pienso del señor Evans Pritchard! No estamos encendiendo una pipa, estamos hablando de poesía. ¿Cómo se puede hablar de la poesía como si fuera el concurso de Miss América? "Me gusta Byron, le doy 42 puntos, pero le fallan las piernas". Arranquen la hoja. ¡Vamos, arranquen esa hoja!".

El último párrafo...

El último párrafo...


 

 

Y también en mí se alza la ola. Se hincha, arquea el lomo. Una vez más tengo conciencia de un nuevo deseo, de algo que surge en el fondo de mí, como el altivo caballo cuando el jinete pica espuelas y después lo refrena con la brida. ¿Qué enemigo precibimos ahora avanzando hacia nosotros, tú, sobre quien ahora cabalgo, mientras piafamos en este pavimento? Es la muerte. La muerte es el enemigo. Es la muerte contra la que cabalgo, lanza en ristre y melena al viento, como un hombre joven, como Percival cuando galopaba en la India. Pico Espuelas. ¡Contra ti me lanzaré, entero e invicto, oh Muerte!

Las olas rompían en la playa.

Una habitación propia...

Una habitación propia...

Virginia Woolf

Here then was I (call me Mary Beton, Mary Seton, Mary Carmichael or by any name you please--it is not a matter of any importance) sitting on the banks of a river a week or two ago in fine October weather, lost in thought. That collar I have spoken of, women and fiction, the need of coming to some conclusion on a subject that raises all sorts of prejudices and passions, bowed my head to the ground.
To the right and left bushes of some sort, golden and crimson, glowed with the colour, even it seemed burnt with the heat, of fire. On the further bank the willows wept in perpetual lamentation, their hair about their shoulders.

The river reflected whatever it chose of sky and bridge and burning tree, and when the undergraduate had oared his boat through the reflections they closed again, completely, as if he had never been.
There one might have sat the clock round lost in thought. Thought--to call it by a prouder name than it deserved--had let its line down into the stream. It swayed, minute after minute, hither and thither among the reflections and the weeds, letting the water lift it and sink it until--you know the little tug--the sudden conglomeration of an idea at the end of one’s line: and then the cautious hauling of it in, and the careful laying of it out? Alas, laid on the grass how small, how insignificant this thought of mine looked; the sort of fish that a good fisherman puts back into the water so that it may grow fatter and be one day worth cooking and eating. I will not trouble you with that thought now, though if you look carefully you may find it for yourselves in the course of what I am going to say.......................

NU SHU: la lengua secreta de las mujeres en China

NU SHU: la lengua secreta de las mujeres en China Hace un año, en septiembre de de 2004, murió a la edad de 98 años, Yang Hunai, considerada la última usuaria plena del Nü Shü, un código de escritura del condado de Jiangyong (Provincia de Húnán, China). La denominación Nü Shü quiere decir, precisamente, escritura femenina, y se contrapone a la llamada Nan Shü, escritura masculina.

La época álgida de la cultura femenina vehiculada a través del Nü Shü coincide con la incorporación de innovaciones tecnológicas a la agricultura de Hunan. Esto, y la fertilidad de la tierra, deja a las mujeres más tiempo para hacer tareas artesanales, como la costura y la elaboración de zapatos de tela. Estas tareas se realizaban comunitariamente, y se amenizaban con cantos y poesías, parte de las cuales se recogían, bordadas en caracteres Nü Shü en piezas de seda, abanicos de papel u otros ornamentos.
Pañuelo con renglones de caracteres Nü Shü (que se leen de arriba a abajo). La pieza estaba en poder de He Yanxin (*1939), quien se la regaló en 1995 a la estudiosa japonesa Orie Endo.

Uno de los géneros particulares escritos en Nü Shü eran las “cartas del tercer día”, que las madres entregaban a sus hijas en ocasión del casamiento. En la sociedad plenamente patriarcal de los yao, la mujer siempre se iba a vivir a casa de su marido. Desvinculada de la propia familia, la joven pasaba a estar bajo la tutela de la suegra. Con las cartas, escritas personalmente por su madre y encuadernadas en tela, que debían de leer a partir del tercer día de casadas, las jóvenes podían acceder a la palabra viva de la madre, en los momentos difíciles.

Yang Huanyi (1906- 2004) perteneció a la última generación que aprendió el Nü Shü desde la infancia, como sus antepasadas. Jamás aprendió a escribir el Nan Shü. Para ella, “el Nü Shü nos ofreció a las mujeres una manera de poder expresarnos”
Ahora quedan solamente dos mujeres: He Yanxin (*1939) y He Jinhua (*1940) que si bien tienen conocimientos de la lengua, no la escriben ni la leen con la fluidez con que lo hacía Yang Huanyi y otras mujeres de su generación.

Cuento; El Señor Silencio

Cuento; El Señor Silencio Hace tiempo prometí un cuento, no lo olvidé... para ti y esa persona especial que sabes que está junto a ti...
Espero te guste...

El Señor silencio

Huía por las desiertas calles de la ciudad con un maletín bajo el brazo.
Vestía un elegante traje de color oscuro, camisa blanca corbata de lazo.
Llegó a una playa solitaria y se paró para recuperar el aliento.
Después se dirigió hacía una barca varada en las áreas húmedas de la marea.
Posó el misterioso maletín dentro de la embarcación y respiró profundamente.
Empujó la barca hacía el mar y navegó rumbo a la isla que apenas se divisaba a lo lejos.

¡Otro más ¡ - exclamó satisfecho el extraño señor mientras remaba.
¡ Socorro¡ , ¡ auxilio¡, gritó una voz delicada procedente del enigmático maletín.
-No seas quejita- respondió él.
-¡Por favor que alguien me ayude ¡¡ suplicó la frágil voz
Poco después, el silencio surgió en la inmensidad del mar.
Cuando llegaron a la isla, un grupo de voces alegres salió a recibirle alborozadamente.
¡Bienvenido Señor silencio¡¡
¿Cómo le ha ido por la ciudad?
-¡Cuénteme, cuénteme por favor¡
Mientras el señor silencio relataba los detalles de su visita a la ciudad, todos las voces enmudecieron.

-Las voces de la ciudad, dijo con tristeza, son frías, distantes y engreídas, son incapaces de contar un cuento o cantar una canción. Por eso están condenadas a desaparecer, aunque ellas no lo sepan.

-Señor silencio cuéntenos un cuento, dijo una voz grave.
-Mejor cantaremos una canción, dijo una voz aguda.
-¡No¡ juguemos a las adivinanzas, exclamo una voz profunda.
-Luego habló una voz clara y la siguió otra voz ronca, después una voz pequeña y mas voces, todas regañando, todas aquellas voces alborotando.


Esta bien voy a contaros un cuento .

“Había una vez una voz sensible y delicada, que tenía un gran problema.

Si el día se presentaba lluvioso y gris, apenas hablaba y las pocas palabras que decía eran tristes y desganadas.
En cambio, si el día era claro y primaveral, no paraba de hablar y de cantar como una loca.
Pero ella, estaba preocupada porque por las noches, hiciera el tiempo que hiciera, siempre enmudecía.
Temerosa, pensaba que podía llegar a enmudecer también por el día.
Por eso, cada mañana al levantarse hacía diversas pruebas en el espejo, algo intranquila.

Una noche, mientras dormía, tuvo una horrible pesadilla; por fin consiguió hablar por la noche como ella quería; pero habló en sueños, dando vueltas en su cama.
Despertó sobresaltada y asustada.
Enseguida llegó a una conclusión , cuando uno duerme , no es necesario hablar.
Desde entonces, ya nunca, nunca más, le preocupó enmudecer por las noches…”
Las voces de la isla fueron quedándose dormidas con la historia que el señor silencio les contó.
La nueva voz también se durmió contenta por la razón por la que había sido robada.
Aquella noche el señor silencio descansó satisfecho.
Al amanecer, una vocecilla insistente le despertó.
¡Señor¡, ¡señor¡ ¿puede cogerme un poco de agua? le decía la niña , dándole un cubo de colores.
Mi padre no quiere que me acerque a la orilla del mar, dice que es peligroso.
El señor silencio restregó sus ojos y se levantó.
-¿Cómo has llagado hasta aquí?
-En el barco de mi padre, señaló un barco que faenaba en la playa.

¿Y las voces? Dijo el señor silencio
¿qué voces? Dijo la niña.

¡¡Mis voces¡¡, ¿dónde están mis voces?...Vivian aquí conmigo… yo trataba de enseñarles…
-No sé de que me habla, dijo la niña.
-Las voces son… ¿Cómo podía explicarte?...
-¿Tu padre cuenta cuentos alguna vez?
-Si, muchas veces. Cuando me acuesto, me cuenta historias muy bonitas.
-¡No puede ser¡¡ ya no queda gente que haga eso.
-Pues mi padre si lo hace…
-¿Tú padre canta?, ¿lo has oído alguna vez?
-Si… hermosas canciones que hablan del mar y de las estrellas.
-¡¡¡No es posible …Gritó
-No se preocupe por las voces , ya volverán si quieren
-¡Cójame un poco de agua por favor¡
-Dame el cubo…
-Haremos un castillo de arena muy grande para sus voces, por si algún día vuelven, asi tendrán un sitio para quedarse y ya no se marcharán.
-¿Crees que ellas volverán? Dijo él.
Los dos permanecieron mucho tiempo juntos en el castillo.
Cuando estaban a punto de acabarlo oyerón una voz.
-¡Paula vámonos¡¡¡
- Es mi padre , tengo que irme , cojió su cubo de colores .
-¡ Que tenga suerte con sus voces¡
- Adios Paula.
El barco zarpó y desaparecierón poco a poco en el horizonte…
El señor silencio quedó totalmente desconcertado.

De repente una voz grave rompió el silencio.

-Señor silencio cuéntenos un cuento, dijo una voz grave.
-Mejor cantaremos una canción, dijo una voz aguda.
-¡No¡ juguemos a las adivinanzas, exclamo una voz profunda.
-Luego habló una voz clara y la siguió otra voz ronca, después una voz pequeña y mas voces, todas regañando, todas aquellas voces alborotando.

Papel encontrado en el suelo...

Papel encontrado en el suelo... "Probablemente la lección mas grande de nuestras vidas
sea aprender a ser libres; libre de las circunstancias, y , por
sobre todas las cosas, libres de nosotros mismos,
ya que hasta que no lo seamos, seremos incapaces
de brindarnos abiertamente , y servir a nuestros
semejantes"

Edwird Bach

A todos aquellos que con su intolerancia hacen de este mundo un mundo peor.

Cuento...

Cuento... Una amiga me contó un cuento...

Erase una vez que se era, dos ranitas , las dos saltaban sin temor a nada... de repente se vierón atrapadas en un cubo de leche, las dos empezarón a nadar , para poder salir del cubo.

Se miraban e intentaban animarse la una a la otra, una de ellas no pudo mas y se dió por vencida, se quedó en el fondo... la otra no , nadó y nadó hasta que sus pequeñas ancas no podian más...de repente con la fuerza de su nadar , la leche empezó a convertirse en nata y un poco mas tarde se convirtió en mantequilla...

Así la ranita dió un brinco y salió del cubo, salió cansada, enfadada y triste, pero no se dió por vencida.
...

Gracias.

Historias

Historias J.D Salinger
"El guardian entre el centeno".
Si de verdad les interesa lo que voy a contarles, lo primero que querrán saber es dónde nací, cómo fue todo eso de mi infancia, que hacían mis padres antes de tenerme a mí, y demás idioteces, estilo David Copperfield; pero no tengo ganas de contarles nada de eso. Primero, porque es un aburrimiento, y segundo porque a mis padres les daría un infarto si yo me pusiera acá a hablar de su vida privada. Para esas cosas son especiales, sobre todo mi padre. Son buena gente, no digo que no, pero a quisquillosos no les gana nadie. Además, no se crean que voy a contarles mi autobiografía con todos los detalles. Sólo voy a hablarles de una cosa loca que me pasó la última Navidad, antes que me quedara tan débil que tuvieran que mandarme acá a reponerme un poco. A D.B. tampoco le he contado mucho más, y eso que es mi hermano. Vive en Hollywood. Como no está muy lejos de este antro, me viene a ver casi todos los fines de semana. El será quien me lleve a casa cuando salga, quizás el mes que viene. Acaba de comprase un 'Jaguar', uno de esos cacharros ingleses que levantan a doscientas millas por hora como si nada. Como cuatro mil dólares le ha costado. Está lleno de plata, el tipo. Antes no. Cuando vivía en casa era solamente un escritor común y corriente. Por si no saben quién es, le diré que escribió El pececito secreto, que es un libro de cuentos de primera. El mejor de todos es el que se llama igual que el libro. Se trata de un niño que tiene un pez y no se lo deja ver a nadie porque se lo ha comprado con su dinero. Es una historia buenísima. Ahora D.B. está en Hollywood prostituyéndose. Sin hay algo que odio en el mundo es el cine. Ni me lo nombren.

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Cuando ya había cerrado la puerta y volvía hacia el salón me gritó algo, pero no le oí muy bien. Creo que dijo "buena suerte". Ojalá me equivoque. Ojalá. Yo nunca diré a nadie "buena suerte". Si uno lo piensa bien, suena horrible.

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... lo que hice fue describir el guante de béisbol de mi hermano Allie, que era un tema estupendo para una redacción. De verdad. Era un guante para la mano izquierda, porque mi hermano era zurdo. Lo lindo es que tenía poemas escritos en tinta verde en los dedos y por todas partes. Allie los escribió para tener algo que leer cuando estaba en el campo esperando. Ahora Allie está muerto. Murió de leucemia el 18 de julio de 1946 mientras pasábamos el verano en Maine. Les hubiera gustado conocerlo. Tenía dos años menos que yo y era cincuenta veces más inteligente. Sus profesores escribían continuamente a mi madre para decirle que era un placer tener en clase a un alumno como mi hermano. Y no lo decían porque sí. Lo decían de verdad. Pero no sólo era el más inteligente de la familia. Era también el mejor en muchos otros aspectos. Nunca se enfadaba con nadie. Dicen que los pelirrojos tienen mal genio, pero Allie era una excepción, y eso que tenía el pelo más rojo que nadie. Les contaré un caso para que se hagan una idea de lo pelirrojo que era. Yo empecé a jugar al golf cuando tenía sólo diez años. Recuerdo una vez, el verano en que cumplí los doce años, que estaba jugando y de repente tuve el presentimiento de que si me volvía vería a Allie. Me volví y ahí estaba mi hermano, montado en su bicicleta, al otro lado de la cerca que rodeaba el campo de golf. Estaba nada menos que a unas ciento cincuenta yardas de distancia, pero le vi claramente. Tan rojo tenía el pelo. ¡Dios, qué buen chico era! A veces en la mesa se ponía a pensar en alguna cosa y se reía tanto que poco le faltaba para caerse de la silla. Cuando murió tenía sólo trece años y pensaron en psicoanalizarme y todo porque hice añicos todas las ventanas del garage. Comprendo que se asustaran. De verdad. La noche que murió dormí en el garage y rompí todos los cristales con el puño sólo de la rabia que me dio. Hasta quise romper las ventanillas del coche que teníamos aquel verano, pero me había roto la mano y no pude hacerlo. Pensarán que fue una estupidez pero es que no me daba cuenta de lo que hacía y además ustedes no conocían a Allie. Todavía me duele la mano algunas veces cuando llueve y no puedo cerrar muy bien el puño, pero no me importa mucho porque no pienso dedicarme a cirujano, ni a violinista ni a ninguna de esas cosas.
Pero, como les decía, escribí la redacción sobre el guante de béisbol de Allie. ...